Trucos y consejos para enfrentar el «miedo a no encajar» en los viajes.

¡Hola! ¿Cómo andás? ¿Qué tal te pareció mi playlist del último post? ¿Te pasaste toda la semana escuchándola? ¡Anda, dí que sí!

Hoy le quise escribir especialmente a un lector. La semana pasada recibí un mensaje de una persona que me decía que quería organizar su primer viaje sol@, y cuándo le consulté qué era lo que la detenía me respondió: “Tengo miedo de no encajar”.  Este es un post en respuesta a esa inquietud.

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Foto de Pixabay en Pexels

Algunas reflexiones preliminares.

Amigue, ¡No somos un juego de encastre!! ¿Encajar en dónde? ¿Qué sería “encajar”? Ante todo, ¿podés identificar dónde querrías encajar y cómo lo podrías solucionar? 

Encajar, o mejor dicho, la necesidad de aprobación de los otros es una de esas cosas ¡que están sobrevaloradas! Yo pienso que lo importante es encontrar esa aprobación en tu interior y no en la gente.

También creo que dejar de viajar por el miedo a no encajar no debe ser nunca una opción. Nunca. ¿Me oíste bien? ¡Grabatelo! (Me siento la tía Sue). Hay que ver cómo lo resolvemos previo al viaje, así podemos dar el primer paso, que seguro va a ser un camino de ida, y te aseguro que luego ¡no vas a querer parar! (Spoiler alert: ¡Nunca dejes de viajar!)

Así como repito en la mitad de mis posts, “se hace camino al andar”. Es en la repetición donde vas a ir perdiendo el miedo.

El otro día leí que psicológicamente, el miedo a no encajar es un miedo o un pensamiento irracional. ¿Por qué? Porque nadie puede no encajar con nadie, como tampoco nadie podría encajar con todo el mundo. Así que lo que hay que hacer es enfrentar ese miedo.

Y más en los viajes, porque te cuento algo: a esas personas probablemente te las cruces por cinco minutos en tu vida, y sinceramente ni te importan ni a ellos le importás realmente. Nadie te está juzgando. Recordá esto: la mirada del otro, ¡es siempre del otro!

 Habiendo dicho esto, ¡vamos a la práctica!

Acá te doy algunos consejos:

* Exponete de manera progresiva.

La única forma de vencer el miedo a no encajar es viajando y comprobando vos mismo que no pasa nada. El miedo a no encajar probablemente sea pura timidez. Y para vencerla vas a tener que pasarla un poquito mal, ¡No hay otra! Pero de a poco, para ir tomando confianza. Sino te vas a sentir derrotado de golpe ¡y no queremos eso!

Podés empezar viajando un finde largo, dos o tres días. Cuando veas que nadie te señaló con el dedo, ¡ahí probás uno más largo o más lejos!

Nervios@ o no, hacelo igual. Y te soy brutalmente honesta: probablemente más de una vez no encajes. Y no pasa nada, se cambian los planes, en vez de hacer cosas con esa gente, ese día lo pasás solo, por ejemplo. Es muy probable que al día siguiente encuentres otra gente con la que sí encajes.

Cambiar el “me da miedo no encajar, así que no viajo” por “me da miedo de no encajar, pero voy a planear el viaje igual, porque en realidad no tengo idea de lo que puede pasar y tal vez me encante!”. ¿No será que me da miedo lo desconocido?

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A veces encajamos tan bien ¡que hacemos amigos de por vida!

* Previo a vencer el miedo a no encajar, hay que vencer el miedo a estar solos.

Encontrar esa aprobación interior. Porque lo interesante de viajar solos es conocer gente, pero también vas a tener que aprender que te guste o no, muchas veces vas a estar solo, y eso en realidad también está buenísimo, y ni te cuento todo lo que vas a aprender de vos mismo.

Quizás hoy no pegás onda con alguien y mañana hacés un amigo de por vida! Es la aventura de los viajes! ¿Sabés cuántas veces me sentí sola? Y no pasa nada, lo importante es estar bien con uno mismo, poder estar sol@ y bien.

* No supongas nada.

No tenés idea de por qué no encajás y probablemente no tenga nada que ver con vos. No te lo tomes personal. Lo más probable es que el “no encajo” sea tu idea. Las personas con las que no encajaste probablemente estén en otra, o entre amigos, o ya se conozcan de antes, y lo que vos tenés, es simplemente miedo a acercarte. No pasa nada, podés no acercarte, o podés hacerlo y ver qué pasa! Abajo te voy a dar algunos tips.

Tampoco te creas que encajar es verdaderamente encajar. A veces solo se tratará de un momento divertido, o vas a pasar el rato con desconocidos a los que no vas a volver a ver nunca jamás. También sirve. No todas las fotos que veas de personas llena de amigos en los hostels son de momentos únicos en la vida. A veces simplemente te cruzás con gente, la pasás lindo y chau chau, ¡besito! ¡Y también es válido! Acá te dejo un collage, de muchísima gente con la que la pasé genial y a quienes nunca más volví a ver.

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Algunas posibles soluciones.

  1. Planeá tu primer viaje a un lugar “amigable” con los mochileros. Que tenga opciones para hacer solos, museos, o paseos, exposiciones, free walking tours. Acá te dejo un post donde hablé de esto, y mi post de amigos donde te recomiendo cinco ciudades en las que te vas a sentir súper cómod@ viajando sol@.
  2. Por supuesto, alojate en hostels. Cuando estés en los buscadores, fijate en los comentarios y analizalos para elegir tu alojamiento perfecto. Si sos introvertido, capaz que un hostel “party on” te haga sentir incómodo. Un hostel más familiar puede ser ideal. Hay algunos de pocas habitaciones donde los dueños incluso fomentan la integración. O hostels que organizan actividades, cenas, salidas, trekings. Elegí el que más se adepte a tu personalidad.
  3. Un tip tan difícil como fácil: ¡Presentate! Una excelente táctica es simplemente esa. Llegás al hostel, en la habitación es el mejor lugar para hacerlo. Cuando entrés al cuarto acercate a las personas que estén allí, les das la mano, las mirás a los ojos y le decís: hola, me llamo XXX, soy de YYY, ¡encantad@! Imposible que no te respondan y ya contando de dónde sos, estarás habilitando una respuesta! Un tip: cuando te diga: me llamo Juan, repetí su nombre: ¡Hola Juan, ¡encantad@! Uno tiende a no prestar atención a los nombres (¡yo al menos!), y con este truco es más probable que te quede grabado. Repetirlo en alguna oración también está bueno, pero sin exagerar, porque vas a parecer un vendedor de pacotilla.
  4. Preguntas como ¿De dónde sos? ¿Hace cuánto que estás viajando? ¿Adónde vas después? ¿Vas a viajar por mucho tiempo? Son super trilladas pero son las que funcionan en los viajes, y las que más nos interesan. Son simples y dan pie a conversaciones más largas y de común interés. Si podés seguirla con: ¿querés que cenemos junt@s? o ¿vamos al bar de la esquina? ¡mucho mejor!
  5. ¡Sonreí mucho! ¡Yo sé qué podés! La sonrisa es contagiosa y es una herramienta muy potente. Nadie puede negarle una respuesta a alguien que pregunta algo con una sonrisa, ¿no te parece?
  6. Usá Couchsurfing. Acá te enseñé por qué. La ventaja de alojarte con CS es que podés filtrar por intereses, y va a ser muy raro que no encajes con alguien si leíste previamente sus referencias. Ir a la casa de alguien o incluso ir a algún evento, son buenas herramientas de socialización.
  7. Llevá un dinerillo extra y contratá alguna excursión. Ahí vas a encontrar otras personas que estén haciendo lo mismo, y tal vez puedas seguir con ellas. Además vas a pasar todo un día entretenido y sin pensar si encajás o no.
  8. Un poquito de alcohol desinhibe. ¡No estoy alentando el vicio, eh! Pero a veces tomarte una cervecita en el hostel te ayuda a sentirte más livian@ y propenso a socializar.
  9. Por último: ¿Qué puede ocurrir si decido pasar un día sin que me importe la opinión de los demás, o caerles bien a todos? ¿Probaste? ¡Es un hermoso ejercicio! Capaz te terminás dando cuenta que no pasaba nada! 😉 Acá te dejo un trillado consejo para que vayas practicando:
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Mi experiencia:

Ya pasaron 14 años desde mi primer viaje sola. Siempre, pero siempre fui tímida e introvertida, y lo sigo siendo al día de hoy. Acá te voy a contar algunas cosas que fui sintiendo estos años:

En este post te hablé de mi primer viaje sola. Fui a Mar del Plata, a un hostel que realmente parecía la casa del gran hermano. Todos eran amigos y literalmente yo no encajaba. No encajaba ni quería encajar, no me interesaba ni un poco esa gente. Tal vez quede mal confesarlo pero a mí no me cae bien todo el mundo. Cuando no me interesa estar con alguien simplemente no lo hago. Así me dediqué a ir a la playa de día, y de noche me iba a dormir temprano. Hoy recuerdo ese viaje como lo que fue: hermoso de día y muy aburrido de noche. ¡Pero no dejé de viajar por eso!

Otro viaje fue a San Pablo. El primer día llegué y me alojé en mi barrio preferido: Vila Madalena. ¡Y quería salir! Pero aún no conocía a nadie y salir sola de noche, que se yo… ¡me da vergüenza! (sí, me da, en presente). ¿Qué hice? Salí a dar unas vueltas, caminé, miré la gente pasar y al rato me volví a dormir. Al día siguiente tampoco conocía a nadie, pero ya junté fuerzas y me senté en el bar más vacío que encontré a ver una banda de covers. Al estar más vacío no me sentía tan vulnerable. Al tercer día ya había hecho amigos, los siguientes días fueron muy fáciles, fui a todos los bares de la zona, a bailar, a festejar un cumple, etc. A veces es cuestión de saber esperar, ¿no?

De San Pablo me fui a la playa. ¡A la playa, en enero! ¿Cómo la iba a pasar mal? Ocurrió que llovía y llovía, en Maresías el hostel estaba lleno de adolescentes y familias, y en Ubatuba estaba muy alejada del centro y no había nada para hacer. Me pasé tres días sin pronunciar palabra, escribiendo y escuchando música. Y cuando ya estaba lo suficientemente aburrida, me volví a San Pablo, a juntarme con los amigos que había hecho la semana anterior.

Cuando a los 32 años “largué todo y me fui a Brasil” (¡y duré 2 meses!) paré en algunos hostels por 15 o 20 días. En los hostels todos los días cambia la gente. Habían días que encajaba y otros donde ¡no pegaba una! No siempre pegué onda, y alguna veces el tratar de encajar fue bastante incómodo. Me quedó la experiencia: ¡no cambiar por agradarle a las personas! Cada vez que quise cambiar mis principios o intentar ser algo que no soy, me fue re mal (¡pero RE!). Te recomiendo que es mejor ser uno mismo ¡siempre! ¡Ya alguien lo va a valorar! 😉

Resumiendo, mi “ ir de a poquito” fue así: la primera vez que viajé no encajé con la gente del hostel, luego fui a otro y encajé, luego fui a otro y algunos días socialicé y otros no, según quienes estuvieran alojados en el momento. Hoy ya pasé a un estado en el que socializar en el hostel no me da miedo.

Pero muero de vergüenza de ir sola a un bar con bastante gente y de noche casi que ni se me ocurre ir. Así que no lo fuerzo ni me castigo por ello. Me pasó acá en Italia, había un bar que me gustaba: pasé un día, pasé otro, pasé un tercero. No te puedo explicar la vergüenza que me dio un día finalmente sentarme a tomar un café. Y nadie me mordió ni me picó un bicho ni nada. Hasta la moza me preguntó de dónde era y me dio conversación.

Conclusiones.

No importa la edad ni la experiencia, los que somos tímidos siempre vamos a tener miedo a no encajar. Y el miedo no es que se va, sino que ¡aprendemos a convivir con él! Lo importante es hacer las cosas aunque nos den miedo, y esto aplica para todo.

Así que mi querido lector, espero tu carta nuevamente cuando estés por subir a ese bus o avión, ¡o al regreso contándome tu experiencia!

¡Nos vemos en una semana! ¡Abrazo viajero!

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