Sobre hostels, confort y viajes después de los 40.

¡Hola! Hoy te traigo un post de opinión… vengo a poner sobre la mesa una discusión muy recurrente a mi edad. Y es que cada vez escucho más seguido esta frase: ¿Hostels? Naaa, dejame, yo ya «estoy grande», ¡Ya no estoy para esas cosas! ¡Yo necesito confort! 

Además, hoy es un día lluvioso y frío, y me he puesto reflexiva. Reflexiva sobre las formas de viajar, sobre alojarse en hostels, sobre el significado del confort, y sobre cómo el tiempo pasa y nos vamos poniendo tecnos.

Y mientras escribo esto, suena «10 años después»… «la vida es una gran sala de espera, la otra es una caja de madera… Diez años después mejor dormir que soñar». Pero yo… ¡sigo soñando! (aunque a la vez duermo más horas).

Con todo esto resonando en mi cabeza, vengo a ponerlo en palabras…

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Hostel Selina, en Río de Janeiro.

La genésis de todo este pensamiento.

La idea de este post surgió recordando una conversación con mi amiga Flor. 

Flor es una amiga de la facultad, de mi «grupejo». Cuando teníamos 20 años, estábamos tomando un café en el bar donde nos reuníamos después de las clases. Éramos 5 amigos. De repente Laure dijo: yo quiero viajar por el mundo. Pau dijo: yo quiero viajar por el mundo. Lucas dijo: yo quiero viajar por el mundo. Yo -obviamente- dije: yo quiero viajar por el mundo. Flor, con la cabeza gacha, como pidiendo perdón, dijo: «yo quiero ser mamá».

Pasaron 25 años, y al final a ninguno nos fue tan mal viajando por el mundo, ¡ni a Flor! Pero Flor, además, fue la única que fue mamá. Así las cosas, hoy tiene hijos semi adolescentes y pocos días de vacaciones, pero que siempre usa para viajar. Por Argentina, o afuera, pero siempre viaja. 

Entonces, la última vez que nos vimos, 25 años después, ella me contaba que estaba pensando ir a Europa, pero acto seguido me dice: «A mí dejame, yo ni loca voy a hostel!». Yo mínimo, hotel 3 estrellas. Yo necesito confort.

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Con el grupejo, 25 años después, hablando sobre el confort.

Pero... ¿Qué sería el confort?

Siguiendo con la charla de Flor, acto seguido me cuenta: yo tengo 15 días, viste. Una vez al año. Este año toca Europa. Tengo pensado ir a Madrid, a Roma, a Florencia, luego a Berlín, Praga y Viena. Y alojarme en lugares cómodos.

Ok. Aquí viene la génesis de mi pensamiento. Para mí, ¡eso no es confort! (repito, para mí). En mi idea, confort significa que en 15 días me alojaré en 2 hostels previamente investigados (me tomo tiempo para ello, sí), y de allí me moveré a varios destinos cercanos, volviendo cada día al mismo hostel.

Ejemplo: cuando fui a Albania pasé 6 días en Saranda y 7 en Himare. Ok, tal vez eso es mucho. Pero podrías hacer 5 en la capital y 5 en la playa, por ejemplo. 

Para mí, tener 15 días para visitar 6 lugares  en Europa, equivale a menos de 3 días por destino. Cuatro aviones, cuatro aeropuertos, cuatro check-in y check out en aeropuertos y en hoteles (3 estrellas, eso sí). Llegar a las 8 de la mañana y esperar 4 horas para ingresar al hotel, que luego deberás abandonar a las 10 am (nadie habla del tema pero uno ingresa a las 14.00/15:00 y sale a las 10:00/12:00, si te quedás solo un día en un hotel, no llegarás a alojarte ni siquiera 24 horas).

Bueno, no sé. ¡Para mí eso es súper, súper estresante! Yo no hago más viajes así. Si hiciera eso, al regresar necesitaría vacaciones de las vacaciones.

Bueno en realidad siempre digo lo mismo: hay tantas formas de viajar como personas en el mundo. Así que sos libre de elegir la que más te guste, este post va de opiniones (¡que nadie preguntó!). No te voy a juzgar, si viajás distinto ¡cuanto mucho me inspirarás a escribir otro post!

Confort vs salir de la zona de confort.

Otro tema distinto es responder a la pregunta: ¿Para que viajas? Para tener confort o para salir de la zona de confort? ¡Tampoco acá hay una respuesta correcta! Cada uno es dueño de hacerlo como quiera.

Pero en mi caso, yo busco el confort en mi día a día. La cama cómoda quiero que esté en mi casa, esa manta con corderito, la calefacción o el aire acondicionado, el platito que combine con todo, un lindo aroma o un ambiente con luz solar. 

Cuando viajo, busco salir de la zona de confort. Y una de las cosas que más busco son los vínculos. No solo «hacer amigos», sino charlas significativas, intercambios culturales, hablar con gente. Para mí, ir a un hotel no aporta nada a mi viaje. Es tener una cama con sábanas planchadas y poco más. Yo no necesito eso. Yo quiero sentarme con un chico veinteañero de Australia, un señor de unos cincuenta largos, de India y otra chica de Alemania, ponernos a hablar de cómo ladran los perros con la tonada de cada país y reírnos desde lo más profundo de nuestros estómagos. Suena tonto, pero esa es la riqueza de viajar para mí. 

Quiero que me alojen couchsurfers, y me compartan sus lugares preferidos en una ciudad X y que yo les haga probar un fernet cuando entremos en el bar. Cuando viajo, la primer palabra que se me viene a la cabeza nunca es «confort». 

Sobre el hecho de seguir eligiendo hostels a los 47 años.

Esto también es personal. Pero yo los sigo eligiendo y no siento ninguna sensación de «no confort» en ello. Claro, a esta edad ya no voy a los hoteles pata sucia (¡me encanntaaaaaa decir hostels pata sucia!), aunque a veces, por infortunios de google y demases, me sigo encontrando con alguna sorpresita. En esos casos me quedo un día y me voy, así eso signifique perder lo pagado.

Hoy hay muchos hostels muy lindos, muy modernos, e incluso con más comodidades que los hoteles. Ni hablar en relación a la tecnología: enchufes, lámparas de mesa, wifi. Para los nómades digitales, muchas veces están súper adaptados, incluso hay hostels como la cadena de Selina, especialmente diseñado para este grupo de viajeros trabajadores.

Lo único que mucha gente no negocia es que no les gusta compartir habitación. Bueno, en estos casos no hay demasiados argumentos para esbozar. Solo que podés alquilar un cuarto privado, aunque a veces salen más caros que ir a un hotel común. Solo lo recomiendo si querés aprovechar las otras experiencias de los hostels, especialmente la de socializar.

A mí realmente no me molesta para nada dormir en cuarto compartido. En el 90% de los casos, la gente es muy respetuosa, y yo por suerte (salvo que esté preocupada) tengo sueño profundo. Lo que intento siempre es elegir los cuartos con menos camas posibles, y si es solo de mujeres, mucho mejor.

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Este hostel tenía las camas muy juntas.

Los hostels pueden ser muy confortables.

Y ya tengo tanta experiencia en ellos (he ido a alrededor de 150 hostels en mi vida), que podría escribir una guía con los ojos cerrados e incluso podría abrir mi propio hostel (¡busco inversores!).

Hoy sé exactamente qué necesito para sentirme en confort y aunque ya escribí mucho en este post, te lo vuelvo a compartir acá:

Baños: que los baños sean medianamente grandes, que tengan un ganchito para poner tu toalla, y un banquito para apoyar las cosas. Y obviamente, cortina. Que no sean mixtos. A veces algo tan simple como un zócalo en el piso puede hacer toda la diferencia. Que tenga un secador para limpiarlo, luego de bañarme.

Cuartos: cuantas menos camas, mejor. ¡Que las camas estén separadas! Es importante que haya espacio entre ellas, porque sino siempre va haber problemas de olores. Si las camas tienen cortinas, o son cuartos cápsulas, mucho mejor. Al principio me daba claustrofobia, hoy lo agradezco. ¡Que haya enchufes! Y una tablita, un estante al costado de la cama, para apoyar el celular y alguna que otra cosita, se agradece un montón. Y los lockers. Por favor, ¡los lockers! Tienen que ser espaciosos, mínimo tiene que entrar una computadora y de ser posible, la mochila entera.

Cocina: que tenga elementos para cocinar, que esté limpia, que haya platos, vasos, cubiertos. 

Lugares comunes: Son importantes para socializar e incluso para relajarse después de las excursiones. Si tiene un bar, ¡es un gol!

Y si tiene desayuno, no tendrá mucho que envidiarle al hotel.  

Si yo encuentro un hostel con todo esto, ya me sentiré en confort. 

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Hostel Puerto Limón, en San Telmo, Buenos Aires.

Redondeando.

No hay muchas conclusiones posibles, porque esto es tan personal, que todo el mundo pensará algo diferente. Tampoco era la idea de este post teorizar con conclusiones, sino como te decía, es un día de invierno, estoy sentada con mi café y un chocolate en mano, y me puse a divagar un poco.

No existe ni una forma de viajar, ni una verdad sobre el confort ni tampoco es necesario que todo el mundo salga de su zona de confort. (Yo misma podría confesarte que a veces extraño horrores mi antigua zona de confort)

¿Vos qué opinás de todo esto? ¿Qué es el confort para vos? ¿Te gustan los hostels o preferís los hoteles? ¡Te leo!

Y como siempre, si querés preguntarme, o contarme algo, ¡estoy a un click de distancia!

¡Abrazo viajero!

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Besito, besito, ¡chau chau!

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