¿Te doy un truco? ¡Comenzá por viajes cortos!

Estoy empezando mi blog y se me ocurren tantas ideas para darte que me lleno de ansiedad, esperando poder publicarlas a todas y que esto vaya tomando forma. Y también estoy soñando con que en el camino vayan surgiendo otras necesidades gracias a nuestra interacción.

Mi primera recomendación en este blog es: ¿Por qué no comenzar por viajes cortos y a lugares cercanos? Es una excelente forma de ir probando a ver cómo te sentís con la idea, podés planear una escapada de fin de semana, como para empezar y la buena noticia es que si no te gusta, o no te sentís cómodo, te podés volver rápidamente.

Además, en estos tiempos pandémicos, es una excelente idea para no salir demasiado lejos y poder volver rápido si algo pasa.  Salir de vacaciones en este 2021 está complicado, así que hacer viajes cortos es una gran opción.

Como dije en la presentación, si la leíste, quiero ser un puente entre vos y tus ganas de viajar, y sobre todo de ¡viajar seguido! Quiero ser  esa voz interior que te impulse a hacer ese viaje que siempre quisiste y nunca te animaste. Y mientras te escribo esto, escucho un tintineo de voces con todas las excusas que me han puesto mis seres queridos que no se animan a viajar como yo lo hago. “¡Vos sos re valiente, yo soy muy miedoso!”;  “claro, vos tenés un trabajo estable y muchas vacaciones, yo no tengo esa suerte”; “pasa que yo tengo un hijo, viste”; “a mí me encantaría, pero necesito ahorrar todo el año, porque a mí me gusta ir a un all inclusive y con el dólar así imposible”; “vos tenés plata, por eso viajás tanto”; “¡vos sí que la pasás bien!”.  A ésta última la detesto. Confieso que perdí a una amiga por expresarle mi desagrado por esa frase. Al fin y al cabo, ¿quién nos inculcó en esta vida que pasarla bien estaba prohibido? Pero rebobinado a todas las anteriores… ¿estamos de acuerdo en que son excusas, no? En mi caso, fueron todas frases pronunciadas por personas con circunstancias relativamente parecidas a las mías.

Y yo te pregunto a vos: ¿cuál es tu motivo? ¿Por qué, aunque morís de ganas de viajar, aún no te decidís? ¿Qué te frena? Me encantaría leerte, así que ¡espero tu comentario acá abajo!

Por eso vuelvo al principio. Comenzar por viajes cortos y a lugares cercanos es casi como seguir en tu zona de confort, no vas a arriesgar mucho pero te va a servir para empezar a intuir si esto es para vos o si no lo es.

Acá te cuento sobre mis dos primeros viajes sola. ¡Seguí leyendo!

Hacía ya unos años que había empezado a viajar como mochilera, ya había hecho varios amigos viajando y ya había probado viajar en hostels. Pero nunca había partido totalmente sola. Y mis primeras oportunidades fueron dos viajes cortos en el mismo año. Corría el 2007.

En enero me había ido a Brasil con mí siempre compañera de andanzas Pau, y con mi otra gran amiga, Vivi. Ese viaje constituirá un largo post en el futuro, pero para poner en contexto,  yo nací en Brasil y no había regresado a mi país hasta los 30 años. Ese año fui, me conecté hasta la última vena con él, recordé olores y sabores de mi infancia, lloré como loca cuando estuve frente a mi casa y encontré a mis vecinos, y me di cuenta de que no recordaba tanto del idioma portugués. Luego de ese viaje, volví a Argentina, y como aún me quedaba una semana de vacaciones se me ocurrió la fantástica ¡terrible! idea de ir a la costa argentina, más precisamente a Mar del Plata. Este primer viaje, te cuento, fue el típico comienzo “con el pie izquierdo”. Personalmente no te recomiendo elegir lugares de veraneo para arrancar, pues son destinos en donde la gente generalmente va en grupo y si sos tímido como yo, tal vez te sientas bastante solo.

Pero también tuve mala suerte. “Caí” en un hostel muy cheto. Mi recuerdo en ese momento era sentir que era la casa de gran hermano. Estaba cerquísima de Playa Grande. Era un caserón  con dos habitaciones y por algún motivo tenía una energía muy extraña para mí. La gente que estaba ahí ya se había conocido y le importaba muy poco quién era yo o qué hacía ahí. A la noche se cenaba en una mesa común, donde todos hablaban pero nadie daba pie a que yo participara, siendo la nueva.  Y como si eso fuera poco, al momento de la sobremesa en la TV había un recital de León Gieco, y el que estaba a cargo del hostel me hace un comentario súper extraño sobre que no entendía no sé qué, y me termina confesando que era sobrino de uno de los militares más  espantosos que tuvimos en Argentina. 

Conclusión: me quedé dos días, en vez de una semana. Al tercer día me tomé un colectivo de vuelta a Rosario. Pero así las cosas, durante los dos días que estuve en Mardel me dediqué a caminar por la playa y pude ver, el primer día un recital de tango electrónico genial y al día siguiente, a los Auténticos Decadentes, banda que me encanta, ¡ambos recitales gratis y en la playa! Soy muy fanática de un par de cosas que se juntaron esos días: de la playa, de la música y de la fotografía. Y bueno, me enfoqué en eso. Si bien volví con cierto sabor amargo porque el viaje no había sido lo que yo esperaba, la realidad es que, en retrospectiva, ¡fue más positivo que negativo! Además, era imposible igualar ese viaje a Brasil, mi primer reencuentro con mi tierra de nacimiento.

Comenzar-por-viajes-cortos
Recital gratuito de los Auténticos Decadentes en Mar del Plata. Enero de 2007.

Mi segundo viaje sola fue de casualidad, no fue programado para nada. Estaba yendo a Villa General Belgrano (un pequeño pueblo de las sierras de Córdoba) a encontrarme con dos amigas y perdí el ómnibus, por lo que tuve que quedarme una noche en la ciudad de Córdoba. Paré en un hostel, pero soy muy tímida y me daba vergüenza socializar así como así. Sin embargo, me armé de coraje. Recuerdo que había un chico hindú fumando un cigarrillo extraño, y aproveché para acercarme a él y preguntarle de qué era. Diez minutos después estaba hablando con todo el mundo. De ahí fuimos a bailar y volví casi de día, súper divertida y corriendo porque perdía el colectivo a las sierras. Como anécdota de color, me traje una hoja de revista llena de mails y direcciones de messenger ¡qué antigüedad! y cuando volví a Rosario me costaba dilucidar quienes eran todas esas personas que me iban agregando al chat.

Hacer-amigos-en-hostels
Este fue otro viaje, pero la idea es parecida. De la nada se forma la onda en un hostel, a algunos tal vez los volvés a ver y con otros compartís un momento inolvidable y queda ahí. La de Celeste es Flor, la conocí ese día y aún somos amigas. Hay dos brasileros que los tengo en facebook y al resto ¡nunca en la vida los volví a ver!

Esos fueron mis dos primeros viajes sola. El primero fue un  tropezón que no fue caída, y el segundo una casualidad muy divertida. En el primero me volví antes, el segundo hubiera deseado que durara más. Ambos fueron viajes cortos y a lugares cercanos: del primero pude aplicar la fórmula de “si no te sentís cómodo te podés volver antes” y del segundo, surgió la decisión de no dejar de viajar nunca más.  

Cuando te sientas seguro con los viajes cortos, ya te va a estar picando el bichito de lanzarte a viajes más largos.

Es automático. Te va a pasar naturalmente a medida que vayas dándote cuenta que esto es un vicio. Para mí es como el café, que no puedo dejar de tomarlo. Mi primer gran viaje sola fue al año siguiente. En el año 2008 decidí dejar todo e irme con pasaje solo de ida a Brasil, a conectarme con mi infancia y a resolver un montón de conflictos de mi crisis de los treinta. Eso ya lo contaré en otro post, pero a modo de conclusión, quiero contarte que funcionó totalmente el término “la tercera es la vencida”. A partir de ese viaje nunca paré. Viajé sola, acompañada, en pareja, con amigos, con amigos de viajes, con familia… Viajé, viajé y viajé.

Para finalizar, quiero dejarte este mensaje: salir de tu zona de confort siempre te va a llevar a lugares que no hubieras imaginado. En estos dos viajes por ejemplo, me llevó a ver a los Auténticos Decadentes, sola y gratis (nunca hubiera ido a un recital sola en mi ciudad), me llevó a salir a bailar con un montón de desconocidos a quienes nunca volví a ver; me hizo cenar con otro puñado de gente a la que no quisiera volver a ver. En fin, algunas cosas buenas, otras que podemos llamar “experiencias”, como para definirlo positivamente. Al fin y al cabo, son todas esos momentos que luego se convierten en anécdotas y recuerdos,  los que nos van llevando a un lugar feliz, a dedicarnos la vida “a pasarla bien”, sin culpas y  con hermosos recuerdos.-

Y vos, ¿ya viajaste solo? ¿Tu primer experiencia fue un viaje corto o te lanzaste directo a una aventura más larga? ¡Te leo!

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